Bébédjia, a 3 de marzo de 2025.
El domingo no pasé por la pediatría en todo el día.
Por eso no me enteré de que ayer falleció el sin nombre de la cama 15 de la urgencia (al que yo llamaba Miguel). Un precioso bebé recién nacido de una bellísima madre llamada Patricia que estudia derecho. Nunca he conocido en Chad una madre tan
preocupada por un pequeño como lo estaba Patricia.
- ¿Cómo está? Creo que tiene más fiebre…¿esto es una convulsión? ¿Le puedes tomar la saturación? ¿Qué tal la analítica de hoy? Paula, crees que se va a curar ¿verdad?
Y no. No estaba bien. El pequeño estaba anémico, febril, hacía hipoglucemias, tenía convulsiones, saturaba mal, la analítica no empeoraba pero tampoco mejoraba. Y no estaba segura de que se fuera a curar, pero tampoco creí que se fuera a ir tan pronto.
Ayer la diarrea (y mi padre, seguro) me alejó físicamente de esa sala de urgencias pediátricas para que yo no viera a esa extraña madre sureña romperse de dolor mientras envolvía en un paño a su precioso segundo hijo.
Puñetazo en la boca del estómago.
Ahora que te habías curado.
En la habitación del fondo de la pediatría, aislado de la luz y del ruido, está hospitalizado un niño de 10 años con tétanos. Todos los años vemos al menos un caso aquí y es que conseguir que los niños se vacunen es toda un gesta en la brousse.
Ayer fue él quien acompañó al sin nombre al cielo. Lo llevaba en brazos. Sonreía. ¡Qué alivio que cesaran esos espasmos tan dolorosos que le inutilizaban las extremidades y le desfiguraban el rostro!.
Pero antes de emprender su viaje al paraíso, hicieron una última parada para llevarse a otro pequeño que permanecía en reanimación desde el sábado por la mañana. Se había caído de un árbol de mango, golpeándose la cabeza con tal fuerza que quedó inconsciente. Su postura, cada vez más alarmante, nos indicaba el camino hacia la descerebración.
Este año ha habido pocos traumatismos craneoencefálicos en comparación con viajes anteriores. Los mangos aún están demasiado verdes, incluso en las copas de los árboles, pero cuando empiecen a madurar, la situación se agravará. Porque el hambre no entiende de peligros.
Ninguno de los tres tendrá funeral.
Miguel ya ha mandado el mensaje a la familia. Misión cumplida.
Los dos niños más mayores, al no haber completado el ciclo “normal” de la vida (llegar a edad adulta, casarse, tener descendencia), serán enterrados con pinchos en los pies, para que no vuelvan a pisar esta tierra. Porque, en la vida que han dejado, han estado malditos.
Frente a tanta muerte, y contra todo pronóstico, la prematura de 30 semanas y 950 gramos de peso que derivaron el viernes desde el hospital de distrito (donde la madre había parido), sigue viva. A pesar de la inmadurez. Y de la malaria. ¿Se obrará el milagro?
El pequeño Emmanuel, de la Habitación Bonita, ahora está en la sala de cuidados intensivos porque a pesar del tratamiento para la malaria y la hipocalcemia, cada vez está peor. Enchufado al concentrador y vigilado por su agotada madre, parece estar más cerca de la muerte que de los vivos.
La habitación de los malnutridos sigue llena, y entrar se hace cada vez más difícil por el intenso olor a orina que llena cada rincón. Van bien los malnutridos. Lentos pero sin grandes complicaciones.
La Habitación Bonita hoy está poco concurrida.
Arlette continuará engordando en casa de su abuela Ambrosie, que hoy estaba feliz de dejar la Habitación.
Martina sigue esperando a que a su madre reciba el alta en el servicio de Medicina. La madre, de nombre Catherine, stuvo gravemente enferma después de dar a luz por culpa de una colección de pus que ocupaba medio pulmón derecho. Se colocó el tubo de tórax el viernes y ya, por fin, está sin oxígeno aunque con tratamiento para la tuberculosis.
Mientras la espera, Martina, de 3 semanas de vida, bebe la leche de fórmula que su familia le da con un vasito de plástico, que aquí el biberón no se estila.
De la nueva inquilina de la Habitación Bonita os hablé hace días. Una huérfana de padre, de 3 meses de edad, con un síndrome polimalformativo severo a quien quise ingresar en su día pero cuya familia se negó. Ya hemos sabido que el padre de la niña era el tío carnal y eso justificaría, según sus creencias, que la niña naciera así. Muerto el padre, no sé muy bien si la familia da por compensada la falta cometida o si, por lo contrario, esperan que muera la pequeña niña serpiente para quedarse todos tranquilos.
Tras días de negociación con la familia y una vez dada de alta en nuestro programa Estudiar en Chad, la pequeña Jennifer ha ingresado con una saturación terrible y fiebre.
Los gastos del ingreso (para los que me habéis preguntado desde Madrid), correrán a cargo del proyecto hasta que le encontremos padrino. A la madre también la alimentaremos, porque nadie va a traer comida a esta triste madre viuda con una hija contrahecha.
En la maternidad sigue viva la niña de 16 años (embarazada de 4 meses de un niño con malformaciones graves) con Dios sabe qué en el tronco del encéfalo. Ha mejorado un poco a pesar de que estamos matando moscas a cañonazos con el tratamiento, pero sé que pronto la familia querrá levársela para que la trate un curandero que, probablemente, acelerará su muerte.
Y mientras, en el área de cirugía, se opera en dos quirófanos. Partes que antaño eran irrealizables, hoy, gracias a que ha aumentado el personal y a una nueva mesa de quirófano, dos equipos se reparten hernias inguinales, roturas uterinas con resultados fatales, hidroceles, abscesos terribles y fracturas abiertas.
La actividad en Saint Joseph sigue su curso sin pausa, a pesar del calor asfixiante que nos oprime y que no ha hecho más que empezar.