Bébédjia, a 27 de febrero de 2025.
Elles sont parties.
Se marcharon.
Se marcharon las dos.
Cama 1 y cama 4 de la urgencia pediátrica. Cristine y Clarisse, de un año y 20 meses respectivamente. Malaria grave.
Maldito parásito.
La primera vez que escuché la expresión, no la entendí. Tampoco quería entenderla. El pequeño Survi (de Survivant) nos dejaba una madrugada. Cuánto amor pude derramar en ese magullado bebé, que de tan magullado que estaba, ni siquiera era bonito. Cuántos ratos nos pasamos él y yo en la pediatría. El, con su oreja pegada a mi pecho, escuchando el compás de mi corazón, su cuenco tibetano. Le recordaría al vientre materno, ese vientre que no se opuso al maltrato al que le sometió el animal de su padre.
Yo, mirándole hipnotizada, intentando trasferirle a través de sus receptores sensitivos y sensoriales cuánto lo amaba, aunque no compartiéramos más que esos ratos juntos.
- Il est parti ce matin.
No comprendo.
- Il est parti où ? (¿Quién se lo ha llevado?)
- Il est décédé (mira que es cortita la nasara)
Desde ese día, partir es un verbo que tiene una connotación diferente para mí. Apenas me atrevo a pronunciarlo. Me recuerda a esa mañana. A esa venda que le mantenía la mandíbula cerrada. A su cuerpo en esa cunita donde horas antes le dejé. A esa oración improvisada alrededor de su pequeño cuerpo.
Esta mañana he tenido una sensación extraña. Extraña por el disconfort que produce saber que algo va mal, pero dolorosamente conocida por mi, vivida ya tantas veces con anterioridad.
La sala de cuidados intensivos no estaba abarrotada como en años previos, en los que se amontonaban los niños en las camillas, en el suelo, en brazos de sus madres mientras convulsionaban, mientras se les transfundía, mientras uno debía decidir qué niño tenía más posibilidades de seguir adelante para que fuera él, y no otros tantos, los que se beneficiaran del oxígeno del concentrador.
No estaba abarrotada pero los 5 niños ingresados estaban muy graves.
Fiebre. Anemia. Dificultad respiratoria. Convulsiones. Fiebre. Más anemia. Convulsiones.
No hay donantes compatibles o sanos.
Ese disconfort cuando me he ido a comer me ha acompañado por la tarde, así que he vuelto después de comer.
Clarisse ya se había marchado. Media hora después de que yo me fuera a comer.
Interconsultando a Marimar vía WhatsApp me quedé un rato más. Revisando historias, anotando las cosas que debían hacerse en el pase de visita de mañana. Acariciando a los otros 4 en el moflete. Un segundo en la Habitación Bonita porque Emmanuel tampoco me gusta un pelo.
Al final de la tarde Sebou me confirma que Cristine se marchó también. Media hora después de que yo me fuera.
Media hora.
Como si alguien hubiera puesto un temporizador celestial.
Y lo agradezco.
Que vivir en directo la marcha de dos pequeñas y el ritual de sus madres al llevarse sus cuerpos es algo que cuesta mucho digerir.
Aunque lo hayas visto ya demasiadas veces.
Alicaída pero no aclimuerta.
Que todavía quedan batallas por ganar