Bébédjia, 20 de febrero de 2025
C'est lui qui vient m'aider
La habitación de los neonatos es mi habitación favorita.
En ella hay personas bonitas y ocurren cosas bonitas a pesar de la enfermedad de sus pequeños ocupantes.
En uno de sus camastros está Ambrosie, la abuela de Arlette, que acomoda a la pequeñaja en un mini-nido hecho de paños y mantas después de comer. Le gusta cuando vengo a ver a su nieta, aunque si la contemplas desde lo lejos, te das cuenta de que la tristeza le pesa tanto que apenas sonríe, que todo movimiento que hace es demasiado lento, que habla demasiado bajo, que tiende a sentarse un poco alejada del grupo de madres, como si sintiera que traiciona a su hija suplantándola ahora que ella no está.
Hoy, sin embargo, estaba encantada con la chaquetita de punto que le he regalado a su nieta, tejida con amor desde España para abrazar a los más pequeños y vulnerables.
Personas bonitas.
A través del ventanal que separa la sala de enfermería y esta maravillosa habitación veo como Ambrosie se levanta del camastro con un bol que contiene un cuarto de boule de mijo rojo y se lo entrega a una anciana que cuida de un niño recién ingresado cuya historia es dolorosamente parecida a la de Arlette.
Cosas bonitas.
La mujer que recibe el (para ellos) apetitoso presente está muy delgada. Apenas puede sostener al pequeño. Le faltan muchas piezas dentarias y su mirada transmite lo que decía mi tía Pepa: “estoy durando demasiado”. Su nombre también lo dice. Dloudjinam se llama, que significa “la muerte me espera”. Tiene 80 años (eso dice ella, aunque parece mayor y probablemente no tenga tantos), con lo cual ha batido todos los récords en cuanto a esperanza de vida en Chad (54 años en mujeres).
Esta mañana me llamaron Sebu y Zita para contarme el caso de esta mujer mientras ella intentaba escapar de la pediatría. La madre del niño que llevaba a cuestas falleció hace dos semanas. El niño, que llora sin cesar, tiene 5 meses y desde que murió su madre no bebe leche, sino que le dan la bouille. El pequeño se llama Djelasum, que significa “el que viene a ayudarme”aunque por ahora poca ayuda le está ofreciendo a la abuela porque además del drama de vida, el pobre tiene malaria. El padre del niño está encerrado en su casa desde el óbito y, en teoría, le quedará un mes más de encierro hasta que le dejen salir. Eso siempre que la dote esté saldada y que los vecinos le consideren buena gente.
La abuela (o bisabuela, no sabemos) está a cargo del niño pero no puede pagar un ingreso ni la medicación del pequeño. Tampoco tiene quien le pueda llevar comida, así que ha decidido volver a su pueblo, a unos 10 kilómetros de aquí.
Le pido que se quede mientras gestiono con Sor Delphine la ayuda por parte de la caja social. Enganchados destina cada año algo de su presupuesto para nutrir esta caja que pretende intervenir en estos casos. Los gastos corren a cuenta de las misioneras y, para evitar el efecto llamada, acuerdan con los familiares un pago simbólico a plazos.
Una vez aceptado el caso, la mujer accede a quedarse. Aunque sabemos que necesitará que la alimentemos y que compremos leche en la farmacia externa para el pequeño Djelasum (hecho y hecho), al que he bautizado Pierre para facilitar la cosa.
A última hora de la mañana me he acercado a verlos. La abuela acababa de salir al baño y la preciosa Alliance (persona bonita) intentaba calmar al pequeño Pierre (cosas bonitas) mientras su hijo miraba a ambos, divertido. Hoy Dloudjinam ha probado la mousaka de Jeanette y tendrá la boule de Ambrosie para más tarde.
La que intenta calmar al huérfano de llama Alliance, y es una persona muy, muy bonita. Tiene 23 años y se casó hace uno. Su marido vive en Abeché, (a mas de 1000 km de distancia, cerca de la frontera con Sudán) donde trabaja en una ONG. Ella vive en Doba, con su madre y con el pequeño Kaïf que es tan risueño como la mamá. Alliance está haciendo prácticas en el juzgado de Doba (aunque no me ha quedado claro qué estudia). Es lista y sonríe mucho. Llena la maloliente habitación de buen rollo, muy escaso en este país. Me saluda con un hola y se despide con un adiós y me enseña, a cambio, expresiones para actualizar mi artesanal diccionario español-árabe-ganbae.
A través del ventanuco la he visto alzar a Kaïf en brazos, hablarle con cariño mientras le hace cosquillas en la tripa con su preciosa cara. Ríen los dos.
Personas bonitas. Cosas bonitas.
Por último tenemos al pobre Franklin, bebé de 2 meses con una bronconeumonía (el que más me preocupa desde el punto de vista médico) que no acaba de salir. Lo acompañan su madre Josephine y su abuela, y aunque siempre está mojado el pobre, se ve que lo tratan con cariño y que les preocupa la evolución del peque. Ambas disfrutan de las clases que me da Alliance como si de una telenovela se tratara.
Personas bonitas.
¿No os parece la pera la habitación de neonatología?
Buenas noches, gente bonita.