Lunes, 23 Febrero 2026 18:42

Bébédjia, a 14 de febrero de 2026.

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Bébédjia, a 14 de febrero de 2026.

LOS DÍAS RAROS

Los días raros sí es una canción. Es de Vetusta Morla y me encanta, porque además de ser preciosa, siempre me recuerda a mi amiga Mónica, que también es una persona preciosa.

Sus acordes han acompañado mis pasos cansados durante todo el día.

Los días raros son días en los que debes aceptar la incertidumbre.
Días en los que entiendes que no puedes tener todo bajo control, que no todo depende de ti.
Días en los que recuerdas lo bueno que sucedió ayer, las sorpresas que te ha regalado la vida. Días en los que piensas en tu madre - a la que amas y admiras- porque hoy hace 89 añazos que nació. Y esos recuerdos y pensamientos se convierten en el motor de esperanza que te permite seguir caminando bajo este sol de justicia, sin perder la sonrisa que pintaste de rojo esta mañana.

En días raros como este, cuando pesa el agotamiento acumulado de la semana y las pocas horas de sueño, entiendes que debes seguir buscando la alegría en las pequeñas cosas. Y comprendes que, lamentablemente, necesitamos las vivencias tristes para valorar la fugaz belleza de las alegres.

Porque, aunque el hijo de Adama - al que van a llamar Trésor -mama con vigor y tesón, el pequeño José, todavía febril, no tiene fuerza suficiente para extraer ni una sola gota del oro líquido que le ofrece su exasperada y primeriza madre. Ha sido tan raro el día que, después de pasar un buen rato intentando estimular el reflejo de succión de mi febril bombón, lo hemos conseguido (y digo hemos aunque el mérito es fundamentalmente suyo). Así que nos hemos animado, la madre y yo (él no se ha pronunciado), a ofrecerle de nuevo el pecho. Tras el berrinche que le ha provocado la transición del dedo al pezón - bendito llanto; hace dos días apenas respondía a ningún estímulo-, le he vuelto a ofrecer mi meñique enguantado mientras Adeline dejaba caer la leche que extraía sobre mi dedo….y el pequeño ha logrado casi dos minutos de succión continuada.
La felicidad máxima, fusionada con la “tristansiedad” de ver que sigue con fiebre y con una exploración todavía penosa.

En días como éste fallece una niña con desnutrición aguda severa recién ingresada, porque venía muy malita… pero quizá también porque nos hemos quedado sin sueros glucosados en el hospital.

En los días raros, Chancelline - que ayer reía al ver mi pandereta y fijaba mejor la mirada - ha empeorado. No puede mover ninguna extremidad y llora en cuanto la toco.

Son días raros también aquellos en los que te das cuenta de que llevas más de ocho horas - sumando ayer mañana y tarde y hoy - peleando con el control remoto de los co*#*, y aunque has avanzado un poco, todo apunta a que el problema solar se está enquistando.

Y días raros son también aquellos en los que te detienes a acariciar a otra niña de dos años gravemente malnutrida y se te revuelven el estómago y el alma… hasta que recuerdas a Patrice, que llegó ulcerado, convertido en un saco de huesos y piel, y se marchó guapete y feliz.

Hoy ha sido un día raro.
Pero los días raros también pasan.
Y, casi siempre, acaban dejando sitio a los días alegres.

¡Y mañana no trabajamos!

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