Martes, 18 Febrero 2025 16:24

Bébédjia, 17 de febrero de 2025

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Bébédjia, 17 de febrero de 2025

Hay días como hoy en los que me siento mal.

Me siento mal porque salgo de las habitaciones de los pacientes y me espera una comida completa. Bueno, no una, sino 3. Y a lo largo de la mañana han sido varias las madres que me han pedido comida para ellas, con ese gesto que hacen llevándose los dedos con sus pulpejos unidos hacia la boca para después lanzar la mano al aire como pidiendo una explicación, ademán que en realidad quiere decir “godó” - “no hay” en castellano. Y yo me contento con llevarles una lata de sardinas chadianas (lata que yo no me como porque puaj), como si eso pudiera acallar el ruido que me provoca el malestar.

Me siento mal cuando veo que la mosquitera donde duermen Jolie y Lucas no logra cubrir la cama de forma estanca, mientras que yo soy capaz de arremeter mi crisálida por debajo de mi colchón y tapar los agujeros de la misma con cinta americana.

Me siento mal cuando veo que el mosquito se coló dentro de su crisálida, pero no puedo matarlo porque tengo entre manos algo más urgente… aunque a la vez pienso que igual es más importante que ese mosquito, (que probablemente venga de la habitación de Hawa, gestante de 7 meses con paludismo grave que lleva un rato gritando de dolor), no pique a Lucas y le de la puntilla final.

Me siento mal porque yo tengo relec y ellos no.

Me siento mal porque bebo agua en botella, pero a los recién nacidos de la maternidad sus madres les dan, con sus dedos sucios, agua sucia, que transportan en vasos sucios donde quedan restos de la bouille que ellas acaban de tomar.

Me siento mal porque veo a Jolie casi siempre sola. Porque no encuentra a ningún familiar que le done sangre. Porque su suegra, que se pasea de vez en cuando por la habitación con su dura expresión, nunca coge a Lucas en brazos. Ella lo que quiere quiere volverse a su pueblo que está a 160 kilómetros y a Jolie que le parta un rayo. Y a Lucas. Y el marido de Jolie, missing.
Y esto me remueve porque tengo la certeza de que si yo estuviera enferma como Jolie, ys me habrían transfundido y mi familia y amigos habrían montado un sistema de turnos para que Lucas pudiera estar en la pediatría, con su sonda nasogástrica puesta para poder suplementar las cada vez más escasa tomas que hace, con una analítica hecha y enchufado a un concentrador de oxígeno.

Me siento mal cada vez que ordeño a Jolie. Ella me entrega su seno y yo extraigo con una jeringuilla (a modo émbolo, que vamos perfeccionando el tema) su oro líquido, despojándola de su dignidad, porque no me puedo comunicar con ella para explicarle por qué hago lo que hago. Ella me entrega su seno y yo hago lo que quiero con él, como si por sacarlo por el escote le dejara de pertenecer.

Me siento mal porque a veces no puedo evitar juzgar a las personas que impiden que las cosas vayan mejor.

Me siento mal porque hay cosas que no puedo cambiar y consigo dormir plácidamente.

A Lucas se le va agotando la vida cada hora que pasa fuera de la pediatría. Se le agota la musculatura orofacial y se fatiga cada vez antes. Y me siento mal porque no es suficiente lo que estamos haciendo el.

Y por eso no solo me siento mal, sino que me duele mi bienestar.

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