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Viernes, 06 Marzo 2026 15:54

Bébédjia, a 5 de marzo de 2026 L'essence

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Bébédjia, a 5 de marzo de 2026

L'essence

Suena el despertador (demasiado pronto) como cada mañana.
Me cuesta levantarme más que nunca. Me quedo 15 minutos más dentro de mi crisálida. Sin dormir, escuchando el ruido de la calle, las personas saludándose, las puertas de mis compañeros al cerrarse.

Hoy no me puedo levantar.
Y no solo porque ayer fue un día alucinante - y agotador- que incluyó la visita a mis niños discapacitados y la alegría trasnochada de nuestra ya tradicional cena española de despedida, sino porque cuando me levante hoy comenzaré a descontar pasos por esta tierra que amo tanto.

Hoy es un día tristeliz, en el que estás pero ya no estás, en el que recoges facturas, justificantes, informes de actividad. Es día de despedidas y de atar cabos sueltos. De dejar a cada cual cosas que no has utilizado y que sabes que aquí vienen tan bien…..

Hoy, de nuevo, una brisa ligeramente fresca -y algo más fuerte de lo habitual- ha acompañado los pasos pesados de los nasaras que, a pesar de que quieren volver a ver a sus seres queridos y pegarse la ducha del siglo, no se quieren marchar tan pronto. Y es que queda siempre tanto por hacer…

Kaii ! Déjà? Tu vas nous manquer !

Y, una vez más, cuando digo aquello de que el año que viene -Inshallah- nos volveremos a ver, ellos responden igual.

Si je suis encore là…

No lo dicen con miedo ni con pena. Aquí son tan conscientes de la fragilidad de la vida, que se despiden un poco “para siempre”.

Voy de aquí para allá. Un poco inconscientemente, he pasado menos tiempo en la pediatría de lo que me gustaría. Pero es que no quiero seguir enamorándome de otro pequeño enfermo, de otra madre, de otra kaká.

Un rato en cada sitio está bien. Aunque luego siempre acabe con la lágrima fuera al despedirme de Pélagie y Seïbou en la pediatría.

Hoy hay que preparar los frascos que me llevo conmigo. Y hago repaso para que no se me olvide nadie ni nada.
Los escojo con cuidado y los cierro con un tapón que guarde la esencia, pero que me resulte suficientemente fácil abrir en caso de emergencia.

En el botecillo de cristal de Baccarat sigo guardando a los pequeños más frágiles: José, Gabriel, Paul, Pauline, Paulin y Michelin se unirán a la tropa de los años precedentes. Voy a dejar aquí también a Kadidja, la malnutrida de ojos blancos que hoy mismo vuelve a casa con sus úlceras curadas y con un poquito más de chicha que lucir.

En el frasco de cristal de zafiro es donde descansa mi precioso Survi -su oreja pegada a mi pecho, sus dedos índice y pulgar jugando con el lino de mi camisa blanca-. Este año lo abro para que lo acompañen Adán, la prematura que falleció anoche, Synthia y el resto de niños que fallecieron en la pediatría y en la maternidad.

En el bote más original y resistente de todos -de vidrio templado de color añil- están todos los discapacitados con los que compartí la mañana y la mesa ayer. Les he pedido que se echen a un lado y le hagan un hueco generoso a Jeannine. Y que vayan preparando otro por si el padre del niño al que he visto por primera vez hoy - con secuelas de malaria - decide llevarlo a Handicapés.

El bote de los huérfanos apadrinados de “Estudiar en Chad” es más espacioso. Tiene vetas de colores y se escuchan la música y las risas que suenan en el interior. He escuchado a Jeanpolito decirles a los demás -con su índice erguido y su mirada vehemente- que el nuevo hogar escuela es, en realidad, una casa de europeos, porque no le falta detalle…pero que él en ese water no se piensa sentar.

He metido en el bote de madres - sí, en el que está mi amiga Blanchie- a Charité, Florence, Adeline, Sonia, Fyssene y Kathline. Se ríen de la nasara con pompero que chapurrea gambai. Y cómo me gustan sus carcajadas, aunque sean a costa de servidora.

Añado a Creni, Geni y Merci - todas combonianas- en el frasco que contiene a las misioneras de todas las congregaciones con las que, en un momento u otro, he tenido la suerte de coincidir. De este bote uno inhala amor, servicio y serenidad.
Es ideal, también, para las crisis de fe.

El frasco de sabores sigue lleno de los suculentos platos de Jeanette. Dentro van las lentejas con arroz, el ratatouille, la pizza de cabra y la mousaka con bechamel de leche de bebé. Voy a meter también el pato de Nodji y el plato de boule con feuilles d’oseille y sauce de cacahouète que me comí en el cole de Mbikou ayer. Fuera quedan las vísceras, delicatessen para los extranjeros, y la filante sauce longue.

El bote de la naturaleza está lleno de acacias, de árboles de nim, de los frondosos mangos, de los árboles de karité y neré, de buganvillas, de flores del desierto y de los pocos baobabs que crecen por aquí.
El cielo, sus estrellas, la luna que crece desde abajo, el río Logone y los hipopótamos que habitan en él.

Me guardo, en el bote anaranjado de sensaciones que no quiero olvidar, mi reencuentro con Cenicienta, el nacimiento del hijo de Adama y lo que sentí el día que inauguramos la escuela hogar de Estudiar en Chad.
El primer parto en la nueva maternidad, los bailes de anoche, los momentos de risas -muchos, muchísimos- , más abundantes en esta edición, y los más tristes. Todo esto que he sentido- este año y los precedentes- seguirá siendo mi brújula y el ancla que mantenga mis pies -estos pies saturados de arena chadiana- en la tierra.

El color azul de Saint Joseph. Y de la escuela.
Los paños tendidos en la pediatría.
Las marcas en la cara de los Mbororós.
Mis compañeros.
Mis amigos.

Nos espera, como siempre, el viaje de vuelta - el calor y el polvo- , la llegada al centro de acogida y el vuelo de madrugada.

Termino el día dejando una bolsita de cero negativo en el banco de sangre -que todos hemos donado, pero mi grupo es el más codiciado ;)- , la comida en la pediatría y diciendo adiós, en silencio, a todos y cada uno de los pequeños que habitan “el servicio bonito”.

Me despido, de vosotros, como siempre.

Dando gracias a todos los que me habéis acompañado, un año más, en este viaje.
A los que habéis compartido la tristeza, las alegrías, la enfermedad, la vida y la muerte, la injusticia y también la belleza de esta parte del mundo.
A todos a los que os importa el sufrimiento ajeno y os enoja la desigualdad.
A los que creéis en nuestra fundación y sus proyectos.
A vosotros, que soñáis con un mundo mejor, más justo y solidario.

Nos vemos en la web www.enganchados.org, en nuestro perfil de Instagram @enganchados_oficial, en Facebook (Enganchados ONG) o en Twitter @eCHADnosunamano.

Merci. Oi djo. شكرا لك.

À tout ! Beré ! إلى اللقاء

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