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Viernes, 06 Marzo 2026 15:52

Bébédjia, a 4 de marzo de 2026 El país de los niños

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Bébédjia, a 4 de marzo de 2026
El país de los niños

Niños.
Caminando por el borde de la carretera.
Saliendo del colegio en tropel.
Debajo de un mango, intentando hacer caer sus todavía inmaduros frutos.

Niños.
Escondidos tras los muros derruidos de sus casas.
Vendiendo caña de azúcar.
Viajando a la espalda de sus madres, abuelas o hermanas.

Muchísimos niños.
En uniforme escolar o con las ropas raídas y desgarradas.

Quizá eso es una de las cosas que más llama la atención cuando llegas por primera vez a Chad.

Y es que no es solo una impresión: casi la mitad de la población de Chad tiene menos de catorce años.

Aquí la vida insiste.
Insiste seis, siete, ocho veces en el mismo vientre.

La maternidad precoz y la creencia de que la riqueza se mide por el número de hijos que tengas hacen que este país tenga una de las tasas de natalidad más altas del mundo.

Pero también ostenta otros récords menos celebrados: la mortalidad materna y la mortalidad en menores de cinco años, que se encuentran entre las más altas del planeta.

En Europa morir por embarazo es algo extraordinario. Ocurre en menos de cuatro mujeres por cada cien mil partos.
Aquí, en Chad, una de cada dieciocho mujeres morirá por causas relacionadas con el embarazo a lo largo de su vida.

En 2025 se atendieron 814 partos en Saint Joseph, en la antigua maternidad, en el paritorio oscuro y estrecho de Saint Joseph.

Y, aun habiendo ocurrido en un centro sanitario, 14 madres y 117 recién nacidos no lo superaron.

Son demasiados.

Pero ojo. Solo uno de cada diez partos ocurre en un hospital.

Normalmente las mujeres se acuclillan en sus casas y reciben a sus hijos sobre la tierra mientras una abuela o un marido corta el cordón con la primera cuchilla que encuentren.

Y cuando algo va mal, siguen intentándolo durante horas -a veces días- hasta que, desesperados, vienen al hospital.

Fetos macerados -casi la mitad de los recién nacidos muertos-.
Madres desangradas, muchas infectadas.

De las mujeres que dan a luz en el hospital, muy pocas han realizado un seguimiento básico del embarazo, a pesar de que los controles prenatales son gratuitos y están financiados por enganCHADos.

Y esta es solo la foto de lo que ocurre en el hospital.

¿Os imagináis lo que pasa en las aldeas alejadas?
¿Cuántos niños no logran superar el parto, las primeras horas de vida, una semana…?
¿Y cuántas mujeres se marchan con sus hijos?

He hablado mucho con enfermeras y matronas sobre cómo mejorar esto.

Los precios del parto se han reducido tanto que dar a luz aquí cuesta lo mismo que en el hospital del Estado. La diferencia es que allí, muchas veces, el dinero -pagado discretamente- termina directamente en el bolsillo de quien atiende el parto, sin que revierta en mejorar el hospital.

Está claro que hay que sensibilizar.
Eso se hace en la consulta prenatal.

Pero ¿cómo se sensibiliza a las mujeres que nunca vienen?

Algún año hemos probado con pequeños incentivos: un jabón, un paño, algún detalle para las mujeres que vienen a Saint Joseph a parir.
Los resultados tampoco han sido espectaculares.

Por el momento, enganCHADos, con la ayuda de SEMERGEN, ha invertido en la construcción de un nuevo edificio comunicado con la antigua maternidad.

Cuenta con un amplio paritorio - con hasta tres puestos si la cosa se anima-, una sala de dilatación, una consulta prenatal y el despacho médico.

Ayer estrenamos, por todo lo alto, esta nueva maternidad luminosa y amplia con la llegada al mundo de Josephine -en honor a Saint Joseph-, una preciosa y sana niña rolliza cuya madre, de tan solo 17 años, ya había perdido un hijo en un parto prematuro un año antes.

Sonia -que así se llama la joven madre- fue la primera en utilizar la sala de dilatación.
Aunque lo de utilizar es inexacto, porque la pobre solo pedía estar de pie paseando.

Y fue también la primera en dar a luz, en absoluto silencio, a la gon dené Josephine -esta vez no la bauticé yo, sino Sor Susan-, a quien inscribirá, Dios sabe cuándo, en el creativo registro civil de Bébédjia.

Y me apuesto lo que sea a que cumplirá años el uno de enero ?

Niños.
Caminando por el borde de la carretera.
Saliendo del colegio en tropel.
Debajo de un mango, intentando hacer caer sus todavía inmaduros frutos.

Niños.
Escondidos tras los muros derruidos de sus casas.
Vendiendo caña de azúcar.
Viajando a la espalda de sus madres, abuelas o hermanas.

Muchísimos niños.
En uniforme escolar o con las ropas raídas y desgarradas.

Quizá eso es una de las cosas que más llama la atención cuando llegas por primera vez a Chad.

Y es que no es solo una impresión: casi la mitad de la población de Chad tiene menos de catorce años.

Aquí la vida insiste.
Insiste seis, siete, ocho veces en el mismo vientre.

La maternidad precoz y la creencia de que la riqueza se mide por el número de hijos que tengas hacen que este país tenga una de las tasas de natalidad más altas del mundo.

Pero también ostenta otros récords menos celebrados: la mortalidad materna y la mortalidad en menores de cinco años, que se encuentran entre las más altas del planeta.

En Europa morir por embarazo es algo extraordinario. Ocurre en menos de cuatro mujeres por cada cien mil partos.
Aquí, en Chad, una de cada dieciocho mujeres morirá por causas relacionadas con el embarazo a lo largo de su vida.

En 2025 se atendieron 814 partos en Saint Joseph, en la antigua maternidad, en el paritorio oscuro y estrecho de Saint Joseph.

Y, aun habiendo ocurrido en un centro sanitario, 14 madres y 117 recién nacidos no lo superaron.

Son demasiados.

Pero ojo. Solo uno de cada diez partos ocurre en un hospital.

Normalmente las mujeres se acuclillan en sus casas y reciben a sus hijos sobre la tierra mientras una abuela o un marido corta el cordón con la primera cuchilla que encuentren.

Y cuando algo va mal, siguen intentándolo durante horas -a veces días- hasta que, desesperados, vienen al hospital.

Fetos macerados -casi la mitad de los recién nacidos muertos-.
Madres desangradas, muchas infectadas.

De las mujeres que dan a luz en el hospital, muy pocas han realizado un seguimiento básico del embarazo, a pesar de que los controles prenatales son gratuitos y están financiados por enganCHADos.

Y esta es solo la foto de lo que ocurre en el hospital.

¿Os imagináis lo que pasa en las aldeas alejadas?
¿Cuántos niños no logran superar el parto, las primeras horas de vida, una semana…?
¿Y cuántas mujeres se marchan con sus hijos?

He hablado mucho con enfermeras y matronas sobre cómo mejorar esto.

Los precios del parto se han reducido tanto que dar a luz aquí cuesta lo mismo que en el hospital del Estado. La diferencia es que allí, muchas veces, el dinero -pagado discretamente- termina directamente en el bolsillo de quien atiende el parto, sin que revierta en mejorar el hospital.

Está claro que hay que sensibilizar.
Eso se hace en la consulta prenatal.

Pero ¿cómo se sensibiliza a las mujeres que nunca vienen?

Algún año hemos probado con pequeños incentivos: un jabón, un paño, algún detalle para las mujeres que vienen a Saint Joseph a parir.
Los resultados tampoco han sido espectaculares.

Por el momento, enganCHADos, con la ayuda de SEMERGEN, ha invertido en la construcción de un nuevo edificio comunicado con la antigua maternidad.

Cuenta con un amplio paritorio - con hasta tres puestos si la cosa se anima-, una sala de dilatación, una consulta prenatal y el despacho médico.

Ayer estrenamos, por todo lo alto, esta nueva maternidad luminosa y amplia con la llegada al mundo de Josephine -en honor a Saint Joseph-, una preciosa y sana niña rolliza cuya madre, de tan solo 17 años, ya había perdido un hijo en un parto prematuro un año antes.

Sonia -que así se llama la joven madre- fue la primera en utilizar la sala de dilatación.
Aunque lo de utilizar es inexacto, porque la pobre solo pedía estar de pie paseando.

Y fue también la primera en dar a luz, en absoluto silencio, a la gon dené Josephine -esta vez no la bauticé yo, sino Sor Susan-, a quien inscribirá, Dios sabe cuándo, en el creativo registro civil de Bébédjia.

Y me apuesto lo que sea a que cumplirá años el uno de enero ?

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