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Viernes, 06 Marzo 2026 15:49

Bébédjia, a 1 de marzo de 2026 Azul Saint Joseph

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Bébédjia, a 1 de marzo de 2026

Azul Saint Joseph

Ya es el último domingo de misión.

Las cosas que quiero contaros están desordenadas en mi cabeza. Son tantas, y de colores tan distintos, que hoy no sé bien cómo empezar este lienzo.

Los trazos hospitalarios son azul claro, del color de Saint Joseph.

Hace unos días llegó otra niña con un traumatismo craneoencefálico tras caerse de un mango y, una vez más -y contra todo pronóstico-, parece que también sobrevivirá.

En la maternidad ha seguido triunfando la vida, aunque esta semana nacieron dos bebés macerados, y uno de ellos se llevó a su madre para que lo acompañara en el ascenso celestial.
Y es que todo llega tan tarde a esta maternidad…

Para compensar estas muertes, ahí siguen mis pseudotocayos -Pauline, Paul y Paulin- aferrándose con sus diminutas manos a la vida, compartiendo útero artificial y dándose calor -y humedad- los unos a los otros. Pauline y Paulin se agarran ya bien al pecho. Paul se hace el remolón, pero resiste. Y aquí, resistir , ya es mucho.

En medicina ingresó Florence, madre de tres niños de nuestro proyecto educativo, por un combo maldito de virus y bacteria que la dejó sin poder andar. Poco a poco va borrándose la mueca de dolor de su rostro mientras sus dedos empiezan a despertar.

En pediatría ha habido muchísimo movimiento esta semana, y parece que la señora de la guadaña ha estado ocupada en otros mandados, porque solo se ha presentado una vez por aquí.

De la habitación bonita me ha tocado despedir a los recién nacidos -y bautizados por mí- José y Gabriel. Infectados y febriles, recibieron los antibióticos que necesitaban y sus padres, felices, se los llevaron de vuelta a su village.
Los sostuve un último momento, con sus orejas pegadas a mi corazón, susurrándoles una bendición y un tarareo bajito con el que me despido yo .

En esa habitación tan bonita intenta crecer Michelin, dentro de una incubadora antediluviana, ajeno al nombre que le ha regalado su madre y a la risa que me provoca que un tirillas como el - que todavía no alcanza el kilo y medio- se llame igual que el muñecote blanco y robusto que todo el mundo conoce (y que es la antítesis de nuestro pequeñín).
Bueno.
Igual ella NO lo conoce y por eso se llama así ;).

Se marcharon también a casa los mellizos Charité -con su perfecto hoyuelito en el moflete izquierdo- y Bonté -con sus ojos saltones y esa mirada de sorpresa cada vez que la nasara le dedicaba un cariñín-.

Pero el alta que más ha vaciado la pediatría ha sido, sin duda, la de Grace y Tamar. Con ellas se fueron el gorro rojo de pelos, la música de su tambor, los gritos de excitación y las miradas de provocación.

Kadidja, la malnutrida severa, ciega y herida, parece haber empezado a beber de un vaso lo que su madre le ofrece. Igual sí que puede salir. Inshallah.

Ha habido también trazos verdes de las Femmes en Détresse, y trazos rojos, marrones y dorados de las especias, pañuelos y verduras del bullicioso mercado de Doba.

El trazo plateado lo puso el hipopótamo que abrió sus fauces mientras cruzábamos, por el puente de un sentido, el río Logone.
Y nosotros buscando tan lejos lo que estaba justo delante...

Y el toque amarillo -de color y de vida- lo dio nuestro grupo durante la comida que nos preparó nuestra amiga Nodji (quien, según Javi, es el clon de Vinicius): cerveza fría, risas, pato -asombrosamente carnoso- y arroz. Y ella, sentada con nosotros, devorando con los dedos su exquisito plato de boule con sauce longue (delicatessen chadiana que anda a medio camino entre las babas de Alien y un blandiblub).

La tercera semana suele ser la más dura.
Pesa el calor, pesa el cansancio, pesan los dramas y todo lo que queda por hacer.
Suele ser, además, la semana en que nos ponemos malos: una diarrea, un catarrazo o un palú.

Pero esta ha sido distinta.
Colorida.
Ligeramente fresca.
Feliz.

De mi semana sale un lienzo abstracto, vivo y multicolor, donde se intuyen la alegria, la esperanza y las despedidas agridulces, la música y los sabores olores y colores que sigue empeñado en regalarme este lugar.

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