Bébédjia – Maybombaye – Bébédjia, a 26 de febrero de 2026
Los planes sin fisuras
El plan previsto para hoy:
Ir a trabajar de 7 a 9 de la mañana.
Salir de Saint Joseph a las 9 con Sor Laura y Cristina hacia Maybombaye, donde estudia uno de nuestros niños de Estudiar en Chad. Visitar su escuela, su internado y estar de vuelta a las 12 en Bébédjia para continuar con el trabajo.
Lo que ha ocurrido (si: se nos ha ido ligeramente de las manos):
Hemos salido con una hora y media de retraso porque el conductor - un padre de la parroquia- tenía que bañarse. Además, había que recoger una cabra (la que nos comeremos el lunes cuando inauguremos las aulas de Estudiar en Chad), para lo cual era imprescindible encontrar una cuerda y atarla a un árbol en la escuela.
Una vez en Doba - desde donde parten los caminos hacia todos los village del sureste- parada técnica en el obispado, donde he estado a “esto” de comprarme un libraco en gambaye mientras dejábamos las invitaciones para la inauguración.
Veinte minutos más tarde, PORRRR FIN, hemos emprendido ruta.
Ruta que, obviamente, había olvidado, porque si no probablemente no habría mostrado tanto entusiasmo para unirme a la expedición.
El camino es, sencillamente, inenarrable. Poco puedo contar porque, con el traqueteo -mi reloj ha interpretado que estaba corriendo campo a través- apenas he podido mirar alrededor. Así, de reojo, he visto muchos nerés y, en Mongó, chorrecientosmil árboles de mango imponentes. Eso… y una señora que cargaba unos doscientos mangos (que no exageró ni un ápice, ¿eh? )sobre la cabeza. A la señora - y a los mangos - los hemos subido a la pickup hasta Maybombaye.
…y, mientras tanto, sol de justicia y calor. Mucho calor.
Cuando hemos llegado a Maybombaye ya eran las doce, pero allí el tiempo ha empezado a transcurrir en x0,5.
Visita al colegio, donde fácilmente hemos dado la mano a un centenar de niños- todos deseosos de comprobar si desteñíamos, muchos con mocos-. Hemos entrado en un par de clases y después hemos recorrido el internado: el huerto, el pozo, la habitación de los chicos, la biblioteca, el comedor… todo a paso lento. Tan lento que más que lento íbamos a velocidad negativa. Moonwalker.
Y, todo transcurría con C A L O R y extrema lentitud.
Pensábamos emprender el viaje de vuelta, pero nos esperaba una comida de cabra, pollo, pescado, ensalada y pasta.
Y a Cris y a mí nos habían reservado lo mejor: las vísceras.
Nos ofrecieron cerveza -que un chaval fue a comprar -y la Gala llegó cuando yo ya había digerido el pollo, la cabra y la pasta. Temperatura de la cerveza: ambiente. O sea, 39°. Tan caliente venía que uno de los hermanos hizo hueco en el congelador para enfriar mi botella. Sacó bolsas y más bolsas, pero olvidó un par de pequeños riñones que quedaron apoyados en el cuello de mi cerveza. Resultado: bajó un par de grados… y me la bebí intentando olvidar el momento órganos-apoyados-en-mi-botella.
Después de la comida -que, sorprendentemente, solo duró una hora- visitamos el centro de salud de las Hermanitas de los Pobres, donde atienden medio centenar de partos al mes (entre otras miles de cosas). Increíble. Que me gustan a mí estas mexicanas.
También pasamos por el instituto privado de Maybombaye: tres edificios de madera y paja, con bancos hechos de troncos que -aseguran- impiden que nadie se duerma en clase.
Tras tres despedidas sucesivas, cada una un poco más cerca de nuestra Toyota, emprendimos por fin el camino de regreso.
Parada obligatoria: visitar a nuestros huérfanos internos en Doba. Porque, ya que habíamos “perdido” el día… ¿por qué no ganarlo con cosas bonitas?
Y esa fue, sin duda, la mejor parte.
Arnaud -ya todo un hombre y pichichi de la liga-, Bonaventure, Caleb (¡madre mía cómo ha crecido!), Anastasie, Chantal (igualita que su madre), Patrice, Prosper, Benjamin, JeanPolito… todos mugrientos y felices nos enseñaron sus aulas y sus habitaciones.
Llegamos a Bébédjia a las siete de la tarde, agotadas y con tierra hasta en el carnet de identidad.
Pero felices.
Porque el verdadero postre del día no fue la comida interminable ni la cerveza templada, sino ellos.
Y por días así entendemos que, aquí, los planes sin fisuras nunca salen como pensamos….afortunadamente :)