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Lunes, 23 Febrero 2026 18:48

Bébédjia, a 21 de febrero de 2026. Gana la vida

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Bébédjia, a 21 de febrero de 2026

Gana la vida

La semana laboral termina hoy (y van dos).

Termina con más vida que muerte.

Anteayer se unió a la tropa de Adán una pequeña de un año con malnutrición severa y neumonía. Se llamaba Synthia y dormía agarrando una jeringuilla vacía de 10 ml, como si confiara en que todo lo que alguna vez se cargó en ella pudiera salvarla.

Para compensar, al team vida se han sumado dos prematuros -1300 gramos y 2 kilos respectivamente- que, por ahora, resisten sin complicaciones.

Inciso.
Tenemos un problema con las incubadoras que merece relato propio. Bref: la de pediatría funciona básicamente como una caja de metacrilato antediluviana que mantiene a los Anopheles fuera -que no es poco- y ahí, bajo paños de todos los colores y estampados, descansa el ngon ndingam (usease, niño) sietemesino de poco más de un kilo de vida.

El otro prematuro tardío comparte incubadora “tope gama”, situada en la maternidad - no me preguntéis por qué- con unos gemelos también prematuros que se llaman casi como servidora: Paul y Pauline. Que aquí complicarse con los nombres es complicarse paná, con lo difícil que ya es todo lo demás.

A toda esta prematurez todavía viva se suman los pequeños de la habitación bonita, que ahora está más bonita que nunca porque, aunque nos han dejado Lydia y el por mí bautizado Martin -el de la madre con cara de cabreo crónico- , han llegado dos hermanos gemelos de tres meses con malnutrición, Charité y Bonté, y otro bebé árabe al que apenas he podido conocer: ingreso last minute mientras la menda se muere multifactorialmente de hambre, sed, cansancio y sueño.

La semana termina también con la despedida de Myriam, nuestra anestesista, que hoy ha regresado a N’Djamena en un autobús atestado de personas, animales y cosas, pero con el corazón lleno por todo lo vivido, lo aprendido, lo compartido y lo aportado -que ha sido mucho- y con cinco amigos-que-ya-son-familia que la esperan el año que viene.

Termina con una sesión clínica sorprendentemente civilizada -todos agradeciendo infinitamente cada una de las opiniones o críticas de los colegas- en la que cada servicio ha presentado sus casos complicados. Ahora mismo hay cuatro médicos y tres estudiantes de séptimo año, todos locales, intentando sostener todo esto. Cuesta imaginar cómo Sor Elisabeth lograba hacerlo cuando era la única facultativa del hospital.

Termina con una fotovoltaica que comunica… casi siempre (eso también merece capítulo aparte) y con el próximo desafío para la doctora McGyver: una incubadora low cost con piezas ausentes, puertas que no cierran y parámetros que hay que reprogramar cada vez que se va la luz -es decir, varias veces al día.

Y termina, también, con una moussaka de cabra hecha con leche en polvo y una Castel aceptablemente fría.

Hoy hace mucho calor -lunga nya, como dicen aquí -y, mientras cae la tarde en este rincón del mundo que ya siento mío, intentaremos aprender el difícil arte de parar… y disfrutar de la vida, sin pretender nada más.

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