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Lunes, 23 Febrero 2026 18:44

Jeannine

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Bébédjia, a 16 de febrero de 2026

Jeannine

Es curioso (y aterrador) cómo va cambiando tu cerebro a medida que acumulas años aquí.
Recuerdo que, en 2017, me costó aceptar que se dejara morir a un niño de 6 años con un traumatismo craneoencefálico severo. Mi “cabezalma” comprendía que mejor vivo y dependiente que muerto.

Los sucesivos bofetones de realidad chadiana han remodelado mis circuitos neuronales y - aunque asustada y asqueada conmigo misma hoy - reconozco que preferiría que Jeannine se muriera, porque su madre, Sophie, lleva cargando con su frágil y atrofiado peso desde que hace un año tuvo una malaria cerebral.

“Era la mejor de la escuela” - me repite Sophie- “ y ahora creo que está sorda porque no reacciona cuando le hablo”.

Jeannine tuvo a los 8 años una malaria cerebral. Se quedó tetrapléjica. La trataron en N’ Djamena, donde incluso iniciaron la rehabilitación, aunque solo pudo -por motivos económicos - realizar 15 sesiones.

Jeannine tiene dos hermanas pequeñas, y su padre está completando sus estudios de economía en Camerún. Cero ingresos.
Sophie ha tenido que trasladarse con las 3 niñas a un village a unos 50 km de Doba, con su madre.

La que un día fue la primera de la clase no es capaz de sostener la cabeza, no se sienta, no fija la mirada, no es capaz de tragar, no se mueve. Tiene úlceras por presión en caderas y espalda. Se alimenta a través de una sonda nasogástrica.

En España esto se lucha. Se intenta mejorar la espasticidad y las contracturas articulares, se prescriben sillas de ruedas con asientos y respaldos a medida, cabeceros, DAFOS, bipedestadores. Se escolariza a los niños en colegios de educación especial donde realizan rehabilitación gracias a maravillosos profesionales. Se operan caderas luxadas, tendones acortados, se realizan gastrostomías para poder alimentar al niño que no puede comer por boca.
Y no se tira la toalla.
Es cierto que las familias se enfrentan continuamente a enormes desembolsos económicos, a trabas burocráticas y a un cansancio físico y psíquico que pocos conocen.
Pero siempre hay esperanza y acompañamiento.

Hoy, viendo de nuevo a Jeannine y hablando con su madre, evidenciando que vive con dolor, que su pronóstico funcional es terrible y que va a seguir haciendo neumonías e infecciones urinarias, que las úlceras no se cerraran, que nunca controlará los esfínteres en un país donde pocas familias se pueden permitir un pañal…hoy, he deseado que Jeannine pase a engrosar el ejército de ángeles chadianos.

Un poco más tarde, ese mismo día, la iglesia se llena despacio. Es la celebración del Día Mundial de los Enfermos. Y allí las vuelvo a ver. Sophie, de pie, sosteniendo con ternura a su pequeña.
Sophie llevándola hacia el altar para que recibiera la unción de los enfermos.
Sophie, de nuevo, haciendo cola comulgar con su hija en brazos.
Parece la foto que tanto me conmueve donde la Madre Teresa de Calcuta lleva en brazos a un niño discapacitado. Siempre he pensado que ese niño, en ese preciso instante, se sentía profundamente amado y era feliz.

Y en ese momento vuelvo a dudar. Dudo de si aquello que yo había pensado -que quizá sería mejor que muriera - es realmente lo mejor para ella y para su familia. ¿Y quién soy yo, además, para plantearme algo así, cuando muchas veces mi labor, cuando médicamente ya no hay mucho que hacer, consiste simplemente en acompañar? Y ese acompañamiento es, quizá, una de las cosas que más sentido dan a mi profesión.
¿Por qué tirar la toalla cuando su madre no lo ha hecho?

Desde ese día la miro de otra manera. O quizá me miro yo de otra manera cuando entro en la habitación.

En los días posteriores he ido a ver a Jeannine aprovechando los momentos en los que su madre tiene que salir. Le unto matecade karité en sus delgadas piernas y brazos, le ayudo a toser o la cambio de posición. Rutinas pequeñas que también sostienen.

Mañana le daremos el alta para que continúen en el Centre de Handicapés de Doba con las curas de las úlceras y los cuidados fisioterápicos paliativos.

Y sé que la voy a echar de menos.

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