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Lunes, 23 Febrero 2026 18:41

Bébédjia, 13 de febrero de 2026

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Bébédjia, 13 de febrero de 2026

Los días alegres

…que bien podría ser el título de una canción…o la banda sonora de un día como hoy.

Alegría.
Porque la reunión a primera hora de la mañana con el nuevo director gerente ha sido fructífera y agradable.

Alegría.
Porque hemos conseguido instalar - que no hacer funcionar aún - el nuevo control remoto de la fotovoltaica que nos facilitó la Fundación EKI (si recordáis, el anterior dejó de funcionar el año pasado), y todo apunta a que esta vez sí responderá. Aunque aquí sabemos que hay que esperar un par de días antes de cantar victoria. Todo va a ritmo chadiano.

Alegría.
Porque he podido presenciar la cesárea programada de Adama, amiga y enfermera de Pediatría, y he abrazado a su precioso y rollizo bebé varón —ngon ndjingam—. He llorado de alegría al comprobar que ambos, mamá y bebote, están sanos y salvos. Que desde que murió nuestra compañera Mekila, hace casi un año, tras dar a luz a su tercer hijo, cada embarazo y cada parto nos mantienen en una angustia basal permanente por lo que pueda suceder.
Adama llevaba años intentando quedarse embarazada y hoy, con el nacimiento de su primogénito, ha roto una maldición: la de la mujer estéril, que aquí puede ser repudiada y devuelta - literalmente- a casa de sus padres por considerarla un ser (¿humano?) inservible.

Hoy he visto la cara de felicidad de Rebeca, madre de Adama y abuela del niño que me ha hecho llorar y que, según dicen, me ha convertido en madrina de honor.

Alegría.
Porque el recién nacido de la cama 1 de Urgencias (al que en secreto he “bautizado” José) está más reactivo que en días previos, aunque la exploración neurológica siga sin convencerme.

Alegría.
Porque también está mejor Chanceline, una niña de tres años con lo que parecen secuelas de malaria cerebral. Y porque he visto sonreír a su madre, Beatrice, cuando su pequeña —la menor de cuatro hermanos— se ha reído al ver mi pandereta de leones y jirafas.

Alegría.
Porque, gracias a nuestra anestesista Myriam y a Súper-Sara y Javi Junior, un paciente joven no ha fallecido en la mesa de quirófano. Y porque esa puesta en acción ha supuesto una lección práctica de cómo se deben hacer las cosas cuando Myriam se haya ido.

Me quedo con eso.
Con los seis motivos - nada más y nada menos - que hoy inclinan la balanza hacia la vida.

Y con la esperanza de que este pequeño bonus de noticias buenas siga pesando más que los momentos duros, los vividos y los que vendrán.

Porque aquí, cada día alegre cuenta.
Y cuenta mucho.

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