Bébédjia- Bebotó- Bébédjia, 12 de febrero de 2026
Cómo me gusta el camino hacia Bebotó, aunque planificar el viaje hasta allí significa MADRUGÓN del bueno y regreso con el sol ya cayendo.
Solo nos separan 93 km del pueblo donde viven las misioneras Guadalupanas (ojo, que sus habitantes se ofenden si lo llamas “village”; para ellos es “ville”), pero el trayecto desde Doba es tan circuito-de-rally-sobre-arena que normalmente hacen falta unas tres horas por sentido.
Como Javi me riñe (¿a que riñe mucho?) cuando escribo relatos eternos, otro día os cuento la ruta hasta Bebotó. Porque el camino hacia esta “ciudad” me encanta. A pesar del rally. A pesar del calor.
Abreviando.
Al llegar a la casa de las misioneras, la tierra olía a lluvia. La noche anterior había caído una tromba generosa de agua. Y bendita tromba, porque cuando el agua compacta la arena uno deja, por fin, de respirarla a cada paso.
Las Misioneras de Guadalupe, igual que nuestras misioneras de Cristo Resucitado, son mexicanas “chiquitas pero picosas”: hablan dulce, trabajan duro (pero duro de verdad), transmiten paz… y cocinan de maravilla.
Allí hemos estado platicando de su escuela, la monísima San Kisito, donde hay un aula por cada grupo, desde Kinder hasta 6º de primaria. Cada clase ronda los 55 alumnos, aunque hay alguna que supera los 60. Los profesores claramente se merecen una ola, aunque esas ratios casi parecen un lujo si las comparamos con las de las escuelas públicas del estado donde pueden convivir hasta 200 niños de distintas edades bajo un techo de paja.
Hace un par de años echamos una mano —entre amigos y las mujeres de Emaús El Carmen— para cubrir la escolarización y el “vaso de bouie” de un centenar de alumnos.
Y por lo que me han contado hoy… me temo que vamos a tener que volver a la carga.
Actualmente tienen 375 niños escolarizados.
Hasta este año, contaban con al menos un profesor pagado por el Estado. Este curso lo han destinado a otro centro. Resultado: un sueldo más que asumir. Eso supone 2.000 francos más por niño al año. Unos 3 euros. Lo sé… suena ridículo desde aquí.
Y luego está la bouie.
La bouie es una papilla líquida de cereales y otros ingredientes que se da cada mañana en el recreo. En muchos casos, es el único alimento que los pequeños ingerirán en todo el día. Es imprescindible para que puedan estar alerta, concentrados, presentes.
Peeeero…
El aumento continuado del precio del arroz, el cacahuete y el penicillaire ha hecho insostenible el reparto diario. Ahora la dan solo tres días por semana; el resto, corre a cuenta de las familias (gasto que, obviamente, intentarán evitar).
Los lunes y miércoles toca la de siempre: arroz, pasta de cacahuete, penicillaire, limón y azúcar. La favorita.
Los viernes, la bouie “low cost” —más nutritiva, paradójicamente— hecha con sorgo, pasta de cacahuete, azúcar y limón.
Problema: no la quieren.
Dicen que quieren la de arroz porque los blancos comemos arroz… y ellos quieren comer como los blancos. Rebáteles tú con argumentos nutricionales.
Al lío.
Resumen de gastos para estudiar en San Kisito:
• Escolarización: 21,3 € por niño/año
• Bouie: 10 € por niño/año
¡Eyyyy! Que nadie se venga abajo. Porque, incluso entre las penurias económicas, siempre brotan —y a veces hasta florecen— arbustos verdes.
Los maestros (algunos antiguos alumnos) me han parecido muy top.
Los niños, uniformados de azulón —salvo los de Kinder—, educadísimos, saludando al unísono como un coro profesional.
He de decir que, cuando he preguntado en todas las clases de qué equipo de fútbol eran, ha ganado por aplastante mayoría el Barça. Intuyo que más por los colores que por convicción futbolística: el azulgrana es mucho más sufrido que el blanco de los merengues.
Como veis, los recortes existen en todos los rincones del planeta. Pero en rincones como este… duelen más.
Y cuando haces la cuenta de lo que supondría para cada uno de nosotros esa cantidad… duele otro tantito más.
A ver si ideamos un plan para que esta china en el zapato moleste un poco menos. ?
Y menos mal que no os he contado nada del viaje ?.