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Lunes, 23 Febrero 2026 18:39

Bébédjia, a 11 de febrero de 2026

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Bébédjia, a 11 de febrero de 2026

Hoy pensaba escribiros la historia de Jeannine, pero Javi me hubiera reñido por empalmar dos relatos tristes. Porque es cierto que pasan cosas ilusionantes y bonitas en nuestro tórrido día a día.
Factores externos: nos estamos cocinado -y esto solo no ha hecho más que empezar - y la arenilla en suspensión hace estragos en nuestras conjuntivas y narinas…

Al margen de lo estrictamente meteorológico - que no es moco de pavo- los asiduos a Saint Joseph las estamos pasando canutas con el flamante y nuevo equipo médico. No porque no sean buenos, sino porque ya nos habíamos aprendido los nombres, las manías y las caras de los antiguos compañeros (de los cuales solo queda Ramadán) y ahora toca darle a tope a la memoria RAM para retener los nadafáciles nombres de los 4 médicos (director gerente included) y 3 estudiantes de 7º (si: 7º) de medicina que habitan nuestro hospital hermano.

Penurias mnésicas aparte, el hospital está a tope de actividad y de casos-drama, a pesar de lo cual el equipo se mantiene fuerte y con buenrrollismo. Desde luego, tanto Javi “Junior” como Myriam se han adaptado a este otro planeta donde poca cosa se puede hacer en gran parte de los casos.

Mientras una iba de acá para allá viendo pacientes de la pediatría y de la consulta, el equipo quirúrgico operaba a dos bandas en sendos quirófanos, porque tenemos una lista de espera acumulada de decenas de hernias, amputaciones y fístulas varias que resolver.
La medicina sigue siendo un terreno inhóspito donde vayaseustedasaber lo que está pasando, y en la maternidad tenemos la suerte de dar la bienvenida a esta inclemente existencia a un par de gemelos prematuros que, por el momento, siguen sanos.
La pediatría está al 70% de su capacidad y, lamentablemente, tengo ya un grupo de pacientes de pronóstico sombrío.
Hoy, dia de Santa Lourdes y Jornada mundial del enfermo, hemos vivido otra misa hospitalaria en gambai y francés (OMG) llena de color, música y enfermos que esperan vivir un día más.

Y aunque ha sido un día largo, durillo y térmicamente complicado, me acuesto feliz y agotada.

Mañana iremos Cris y yo a visitar la escuela de San Kisito de Bebotó (¿no os parece de lo más cuqui el nombre?), a las misioneras Guadalupanas y a los centenares de niños que acuden, a diario y con sus uniformes azulones, a esta remota escuela.

Buenas noches, queridos…

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