Relatos enganCHADos
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A los que nos metimos en esto de la Medicina para salvar vidas, no nos gusta perder. En nuestros cómodos y ricos hospitales del norte, la verdad es que casi nunca perdemos. Peleamos los pacientes hasta la extenuación, y más bien a veces, nos excedemos en nuestro celo terapéutico cayendo del lado de los cuidados fútiles y de la prolongación artificial de la vida. En cambio, en los hospitales de los países pobres del sur, como el hospital St. Joseph de Bebedjía, Chad, la Muerte esta acostumbrada a ganar siempre la partida. Cuando vienes aquí, tienes que venir con el objetivo de no ser derrotado, aunque conforme avanzan los días la realidad te va poniendo en tu sitio y el objetivo inicial se transforma. Lo cambias y te contentas por intentar no perder por goleada. Aquí la Muerte tiene poderosos aliados como la miseria, la pobreza, el analfabetismo, la incomunicación, la desconfianza, que combinados con enfermedades como la malaria, el SIDA, la polio, la tuberculosis, etc. consigue cifras apabullantes. 20% de mortalidad infantil, la mayor de las registradas en nuestro planeta.

En esa guerra mundial que se libra contra la pobreza y la enfermedad, tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de la ONU, que ha generado el movimiento contra la pobreza más exitoso de la historia, se están consiguiendo grandes avances en todo el planeta después del compromiso transcendental que asumieron los líderes del mundo en el año 2000 de “no escatimar esfuerzos para liberar a nuestros semejantes, hombres, mujeres y niños de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema”.

La tasa mundial de mortalidad de niños menores de 5 años ha disminuido en más de la mitad, reduciéndose de 90 a 43 muertes por cada 1.000 niños nacidos vivos entre 1990 y 2015. En África subsahariana, la tasa anual de reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años fue más de cinco veces mayor entre 2005 y 2013 que la del período comprendido entre 1990 y 1995. De todos modos esta zona del mundo donde se encuentra el Chad continua a la cabeza de la mortalidad infantil con un 86 por mil nacidos vivos, concretamente en Chad, el peor país de la zona con gran diferencia alcanzaba la dramática cifra de 209 por mil en el año 2008.

El progreso con la malaria ha sido inmenso, se han evitado más de 6,2 millones de muertes causadas por paludismo entre los años 2000 y 2015, principalmente de niños menores de 5 años de edad en África subsahariana. Se estima que la tasa de incidencia mundial del paludismo ha caído un 37% y que la mortalidad mundial por paludismo se ha reducido en un 58%. De nuevo Chad esta entre las peores cifras de la región con la mayor mortalidad por malaria de todo el mundo.

Así que estamos librando una batalla en el Chad, el peor de los frentes de esta guerra mundial contra la pobreza y la enfermedad. Uno aquí en Bebedjía se siente que esta colocando sacos de tierra para contener la crecida de un río de muerte inmenso, que deja filtrar su agua por cualquier resquicio. Estamos orgullosos de haber conseguido contenerlo por un momento, y aunque somos conscientes de que nuestro granito de arena se pierde en el desierto, no nos dejamos desanimar y nos aferramos a objetivos tangibles en el día a día. El pequeño Mathuré, su sonrisa y la buena evolución de su osteomielitis después de nuestros cuidados. El pequeño prematuro sin nombre que va engordando día a día después de haberlo librado de una muerte casi segura en la sala de partos. Esa joven parturienta nómada que estuvo rozando el más alla con sus 5 gramos de hemoglobina. El paciente con el sarcoma de clavícula liberado de un dolor terrible y con esperanzas de supervivencia a largo plazo, etc.

Estamos deseosos de volver a luchar en este frente, junto a veteranos camaradas como la misionera comboniana Elisabetta Raule, que ya lleva más de 5 años batiéndose el cobre contra la Muerte en este rincón del planeta. Añoramos la camaradería y la pelea infatigable a su lado en la trinchera contra la Muerte. Necesitamos muchos soldados como ella para ganar la guerra, de momento los “soldados de reemplazo” como nosotros servimos para apoyar y contener la inundación, pero son los misioneros con su compromiso y veteranía los que consiguen ir inclinado la balanza poco a poco en favor de la Vida y la Salud. Para cerrar el círculo necesitamos el apoyo en la retaguardia de todos vosotros, que través de iniciativas como enganCHADos que consigan mantener viva esta lucha sin cuartel.

Alfonso Antequera

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