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Los hospitales en los países pobres son el último recurso. Los pacientes solo acuden cuando todo lo demás ha fallado. Primero han aguantado, luego han sido tratados por el curandero con métodos tradicionales, lo que supone en la mayor parte de los países de Africa, realizar una serie de heridas superficiales en la piel, ya sea con instrumentos cortantes como aquí en Chad o produciendo quemaduras en la piel de la zona que le duele al paciente. En realidad son tratamientos tan inútiles como la homeopatía en Europa, basados en la sugestión y el efecto placebo,  a los que el parlamento europeo les ha dado el beneplácito de no tener que demostrar beneficios, tan solo probar que no perjudican. ¿Pero el retraso de un tratamiento optimo, probado y contrastado, no es acaso un perjuicio?  En Africa claramente lo es.

Bueno, volviendo al asunto, que me voy por las ramas.  Siempre que la enfermedad persista y el paciente sea lo suficientemente fuerte para aguantar el traslado al hospital, que en ocasiones dura días, acaba  acudiendo a nosotros. El estado de sus cicatrices debido a las heridas producidas por el Marabu o hechicero, nos orienta bastante bien sobre la duración aproximada de los síntomas. En este medio cuanta mas información objetiva recabemos sobre las dolencias, mucho mejor.  Y esa información escasea, porque aquí la comunicación es difícil, debido a la traducción y a que los pacientes suelen mentir en lo que se refiere a los tratamientos seguidos o a las circunstancias que rodean a su enfermedad. Además no disponemos de muchas pruebas diagnosticas para apoyar nuestras sospechas, mas allá de una rudimentaria ecografía o análisis básicos de sangre, VIH, TBC y paludismo.

Sí el paciente presenta alguna enfermedad que requiere una intervención quirúrgica, como una hernia estrangulada o una peritonitis ( no vemos apendicitis simples) necesitamos operar y para ello es fundamental poder anestesiar al paciente. En países como Chad (4º más pobre del mundo si nos atenemos a su PIB) las posibilidades de poder realizar una anestesia general estándar, con intubación endotraqueal, neuroleptoanalgesia y bloqueo neuromuscular son prácticamente nulas ya que no hay personal entrenado para ello. Lo mejor que puedes encontrar es un “enfermero” curtido por el humo de mil batallas contar la enfermedad,  que ha aprendido el oficio sobre el terreno y que la única técnica que domina es la administración de un fármaco llamado Ketamina. Un potente alucinógeno con propiedades hipnóticas y analgésicas que no produce depresión respiratoria como los derivados del opio, y duerme al paciente sin necesidad de conectarlo a un respirador.  Pero no son todo ventajas, este fármaco aumenta mucho la presión arterial y lo hace especialmente peligroso en pacientes mayores (aquí lo son por encima de los 40) con hipertensión arterial ( muy prevalente en la raza negra) pudiendo provocar emergencias hipertensivas e incluso accidentes cerebrovasculares durante las intervenciones. Además un tercio de los pacientes adultos sufren “un mal viaje” con alucinaciones terribles y sensación de muerte cuando se despiertan después de la operación.

Este hecho de que sea un fármaco que no produce depresión respiratoria y sea sencillo de utilizar por personal con pocos o nulos conocimientos de anestesiología, parece que fueron las virtudes (me voy un poco por las ramas otra vez) que hicieron que en algún departamento de seguridad se considerara su uso en la lucha antiterrorista. Lo triste es que para probarlo lo ensayó con dos mendigos de las calles madrileñas que no sobrevivieron al experimento. Es decir, que la Ketamina es segura pero no tanto,  y el que la administra debe tener al menos  un mínimo conocimiento de medicina

Durante la intervención esa sencillez anestésica, un solo fármaco, un monitor de presión arterial, un pulsioximetro , y poco más, conllevan una incomodidad muy importante para el cirujano.  A pesar de que el paciente esta férreamente atado a la mesa para  evitar que sus movimientos involuntarios interfieran con nuestro trabajo, la pared abdominal esta muy tensa. Tan pronto como abrimos el abdomen del paciente en ese estado de sedación semiconsciente durante el cual puede hablar, gritar y agitarse, nos “vomita” todos sus intestinos encima de la mesa de operaciones, resultándonos muy complicado sujetar y contener ese gran amasijo intestinal y realizar la extirpación del segmento enfermo o la limpieza de la cavidad abdominal. Si esto es así durante la apertura, imaginad cuando llega la hora de cerrar. Todo se convierte en un equilibrio de habilidad y fuerza que me recuerda a aquellas cajas de broma que tenían un muñeco con muelle y que para cerrarlas requería reducir al muñeco al interior de la caja con una mano, a la vez que con la otra se iba cerrando la tapa.

En fin, en Europa la Ketamina solo se utiliza en Veterinaria y en algunos casos muy concretos para sedación en Clínica Humana, sobre todo en niños.  Aquí en el Hospital St Joseph de Bebedjia, CHAD, gracias a ella podemos realizar, multitud de intervenciones quirúrgicas y conseguir que los pacientes burlen a la muerte en este rincón tan complicado del planeta. Aunque por otro lado por culpa de la Ketamina y su simplicidad anéstésica, no conseguimos que los enfermeros anestesistas evolucionen hacia técnicas un poco más complejas como la anestesia raquídea o la anestesia general con intubación orotraqueal, que supondrían un mayor confort  para el paciente.

Desde EnganCHADos vamos  tratar en nuestra próxima misión a St. Joseph de mejorar el entrenamiento de los enfermeros de anestesia locales en técnicas de anestesia raquídea sin comprometer la seguridad de los pacientes y tratando de establecer un vínculo permanente de los profesionales locales con una organización como la Fundación el Alto que va a tratar de aportarles la formación necesaria para mejorar.Los hospitales en los países pobres son el último recurso. Los pacientes solo acuden cuando todo lo demás ha fallado. Primero han aguantado, luego han sido tratados por el curandero con métodos tradicionales, lo que supone en la mayor parte de los países de Africa, realizar una serie de heridas superficiales en la piel, ya sea con instrumentos cortantes como aquí en Chad o produciendo quemaduras en la piel de la zona que le duele al paciente. En realidad son tratamientos tan inútiles como la homeopatía en Europa, basados en la sugestión y el efecto placebo,  a los que el parlamento europeo les ha dado el beneplácito de no tener que demostrar beneficios, tan solo probar que no perjudican. ¿Pero el retraso de un tratamiento optimo, probado y contrastado, no es acaso un perjuicio?  En Africa claramente lo es. 

Bueno, volviendo al asunto, que me voy por las ramas.  Siempre que la enfermedad persista y el paciente sea lo suficientemente fuerte para aguantar el traslado al hospital, que en ocasiones dura días, acaba  acudiendo a nosotros. El estado de sus cicatrices debido a las heridas producidas por el Marabu o hechicero, nos orienta bastante bien sobre la duración aproximada de los síntomas. En este medio cuanta mas información objetiva recabemos sobre las dolencias, mucho mejor.  Y esa información escasea, porque aquí la comunicación es difícil, debido a la traducción y a que los pacientes suelen mentir en lo que se refiere a los tratamientos seguidos o a las circunstancias que rodean a su enfermedad. Además no disponemos de muchas pruebas diagnosticas para apoyar nuestras sospechas, mas allá de una rudimentaria ecografía o análisis básicos de sangre, VIH, TBC y paludismo.

Sí el paciente presenta alguna enfermedad que requiere una intervención quirúrgica, como una hernia estrangulada o una peritonitis ( no vemos apendicitis simples) necesitamos operar y para ello es fundamental poder anestesiar al paciente. En países como Chad (4º más pobre del mundo si nos atenemos a su PIB) las posibilidades de poder realizar una anestesia general estándar, con intubación endotraqueal, neuroleptoanalgesia y bloqueo neuromuscular son prácticamente nulas ya que no hay personal entrenado para ello. Lo mejor que puedes encontrar es un “enfermero” curtido por el humo de mil batallas contar la enfermedad,  que ha aprendido el oficio sobre el terreno y que la única técnica que domina es la administración de un fármaco llamado Ketamina. Un potente alucinógeno con propiedades hipnóticas y analgésicas que no produce depresión respiratoria como los derivados del opio, y duerme al paciente sin necesidad de conectarlo a un respirador.  Pero no son todo ventajas, este fármaco aumenta mucho la presión arterial y lo hace especialmente peligroso en pacientes mayores (aquí lo son por encima de los 40) con hipertensión arterial ( muy prevalente en la raza negra) pudiendo provocar emergencias hipertensivas e incluso accidentes cerebrovasculares durante las intervenciones. Además un tercio de los pacientes adultos sufren “un mal viaje” con alucinaciones terribles y sensación de muerte cuando se despiertan después de la operación.

Este hecho de que sea un fármaco que no produce depresión respiratoria y sea sencillo de utilizar por personal con pocos o nulos conocimientos de anestesiología, parece que fueron las virtudes (me voy un poco por las ramas otra vez) que hicieron que en algún departamento de seguridad se considerara su uso en la lucha antiterrorista. Lo triste es que para probarlo lo ensayó con dos mendigos de las calles madrileñas que no sobrevivieron al experimento. Es decir, que la Ketamina es segura pero no tanto,  y el que la administra debe tener al menos  un mínimo conocimiento de medicina

Durante la intervención esa sencillez anestésica, un solo fármaco, un monitor de presión arterial, un pulsioximetro , y poco más, conllevan una incomodidad muy importante para el cirujano.  A pesar de que el paciente esta férreamente atado a la mesa para  evitar que sus movimientos involuntarios interfieran con nuestro trabajo, la pared abdominal esta muy tensa. Tan pronto como abrimos el abdomen del paciente en ese estado de sedación semiconsciente durante el cual puede hablar, gritar y agitarse, nos “vomita” todos sus intestinos encima de la mesa de operaciones, resultándonos muy complicado sujetar y contener ese gran amasijo intestinal y realizar la extirpación del segmento enfermo o la limpieza de la cavidad abdominal. Si esto es así durante la apertura, imaginad cuando llega la hora de cerrar. Todo se convierte en un equilibrio de habilidad y fuerza que me recuerda a aquellas cajas de broma que tenían un muñeco con muelle y que para cerrarlas requería reducir al muñeco al interior de la caja con una mano, a la vez que con la otra se iba cerrando la tapa.

En fin, en Europa la Ketamina solo se utiliza en Veterinaria y en algunos casos muy concretos para sedación en Clínica Humana, sobre todo en niños.  Aquí en el Hospital St Joseph de Bebedjia, CHAD, gracias a ella podemos realizar, multitud de intervenciones quirúrgicas y conseguir que los pacientes burlen a la muerte en este rincón tan complicado del planeta. Aunque por otro lado por culpa de la Ketamina y su simplicidad anéstésica, no conseguimos que los enfermeros anestesistas evolucionen hacia técnicas un poco más complejas como la anestesia raquídea o la anestesia general con intubación orotraqueal, que supondrían un mayor confort  para el paciente.

Desde EnganCHADos vamos  tratar en nuestra próxima misión a St. Joseph de mejorar el entrenamiento de los enfermeros de anestesia locales en técnicas de anestesia raquídea sin comprometer la seguridad de los pacientes y tratando de establecer un vínculo permanente de los profesionales locales con una organización como la Fundación el Alto que va a tratar de aportarles la formación necesaria para mejorar.

Los hospitales en los países pobres son el último recurso. Los pacientes solo acuden cuando todo lo demás ha fallado. Primero han aguantado, luego han sido tratados por el curandero con métodos tradicionales, lo que supone en la mayor parte de los países de Africa, realizar una serie de heridas superficiales en la piel, ya sea con instrumentos cortantes como aquí en Chad o produciendo quemaduras en la piel de la zona que le duele al paciente. En realidad son tratamientos tan inútiles como la homeopatía en Europa, basados en la sugestión y el efecto placebo,  a los que el parlamento europeo les ha dado el beneplácito de no tener que demostrar beneficios, tan solo probar que no perjudican. ¿Pero el retraso de un tratamiento optimo, probado y contrastado, no es acaso un perjuicio?  En Africa claramente lo es.

Bueno, volviendo al asunto, que me voy por las ramas.  Siempre que la enfermedad persista y el paciente sea lo suficientemente fuerte para aguantar el traslado al hospital, que en ocasiones dura días, acaba  acudiendo a nosotros. El estado de sus cicatrices debido a las heridas producidas por el Marabu o hechicero, nos orienta bastante bien sobre la duración aproximada de los síntomas. En este medio cuanta mas información objetiva recabemos sobre las dolencias, mucho mejor.  Y esa información escasea, porque aquí la comunicación es difícil, debido a la traducción y a que los pacientes suelen mentir en lo que se refiere a los tratamientos seguidos o a las circunstancias que rodean a su enfermedad. Además no disponemos de muchas pruebas diagnosticas para apoyar nuestras sospechas, mas allá de una rudimentaria ecografía o análisis básicos de sangre, VIH, TBC y paludismo.

Sí el paciente presenta alguna enfermedad que requiere una intervención quirúrgica, como una hernia estrangulada o una peritonitis ( no vemos apendicitis simples) necesitamos operar y para ello es fundamental poder anestesiar al paciente. En países como Chad (4º más pobre del mundo si nos atenemos a su PIB) las posibilidades de poder realizar una anestesia general estándar, con intubación endotraqueal, neuroleptoanalgesia y bloqueo neuromuscular son prácticamente nulas ya que no hay personal entrenado para ello. Lo mejor que puedes encontrar es un “enfermero” curtido por el humo de mil batallas contar la enfermedad,  que ha aprendido el oficio sobre el terreno y que la única técnica que domina es la administración de un fármaco llamado Ketamina. Un potente alucinógeno con propiedades hipnóticas y analgésicas que no produce depresión respiratoria como los derivados del opio, y duerme al paciente sin necesidad de conectarlo a un respirador.  Pero no son todo ventajas, este fármaco aumenta mucho la presión arterial y lo hace especialmente peligroso en pacientes mayores (aquí lo son por encima de los 40) con hipertensión arterial ( muy prevalente en la raza negra) pudiendo provocar emergencias hipertensivas e incluso accidentes cerebrovasculares durante las intervenciones. Además un tercio de los pacientes adultos sufren “un mal viaje” con alucinaciones terribles y sensación de muerte cuando se despiertan después de la operación.

Este hecho de que sea un fármaco que no produce depresión respiratoria y sea sencillo de utilizar por personal con pocos o nulos conocimientos de anestesiología, parece que fueron las virtudes (me voy un poco por las ramas otra vez) que hicieron que en algún departamento de seguridad se considerara su uso en la lucha antiterrorista. Lo triste es que para probarlo lo ensayó con dos mendigos de las calles madrileñas que no sobrevivieron al experimento. Es decir, que la Ketamina es segura pero no tanto,  y el que la administra debe tener al menos  un mínimo conocimiento de medicina

Durante la intervención esa sencillez anestésica, un solo fármaco, un monitor de presión arterial, un pulsioximetro , y poco más, conllevan una incomodidad muy importante para el cirujano.  A pesar de que el paciente esta férreamente atado a la mesa para  evitar que sus movimientos involuntarios interfieran con nuestro trabajo, la pared abdominal esta muy tensa. Tan pronto como abrimos el abdomen del paciente en ese estado de sedación semiconsciente durante el cual puede hablar, gritar y agitarse, nos “vomita” todos sus intestinos encima de la mesa de operaciones, resultándonos muy complicado sujetar y contener ese gran amasijo intestinal y realizar la extirpación del segmento enfermo o la limpieza de la cavidad abdominal. Si esto es así durante la apertura, imaginad cuando llega la hora de cerrar. Todo se convierte en un equilibrio de habilidad y fuerza que me recuerda a aquellas cajas de broma que tenían un muñeco con muelle y que para cerrarlas requería reducir al muñeco al interior de la caja con una mano, a la vez que con la otra se iba cerrando la tapa.

En fin, en Europa la Ketamina solo se utiliza en Veterinaria y en algunos casos muy concretos para sedación en Clínica Humana, sobre todo en niños.  Aquí en el Hospital St Joseph de Bebedjia, CHAD, gracias a ella podemos realizar, multitud de intervenciones quirúrgicas y conseguir que los pacientes burlen a la muerte en este rincón tan complicado del planeta. Aunque por otro lado por culpa de la Ketamina y su simplicidad anéstésica, no conseguimos que los enfermeros anestesistas evolucionen hacia técnicas un poco más complejas como la anestesia raquídea o la anestesia general con intubación orotraqueal, que supondrían un mayor confort  para el paciente.

Desde EnganCHADos vamos  tratar en nuestra próxima misión a St. Joseph de mejorar el entrenamiento de los enfermeros de anestesia locales en técnicas de anestesia raquídea sin comprometer la seguridad de los pacientes y tratando de establecer un vínculo permanente de los profesionales locales con una organización como la Fundación el Alto que va a tratar de aportarles la formación necesaria para mejorar.

Alfonso Antequera

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